Que te vayas.
De vos, de tus cosas, del amor.
Que te vayas, decidida y furtiva, de los lugares que te vieron crecer y te quedaron chicos.
Que te pierdas, y lo frondoso del bosque no te deje ver más allá de tu ombligo, hasta llegar a la parte donde los rayos de sol se filtran y te iluminan la incertidumbre.
Que intentes volver, y que la puerta por la que saliste esté cerrada.
Que se abra otra, del otro lado del miedo y a la vuelta de la duda.
Que te embarres las manos, y desistas de encontrar la pieza terminada, y concluyas que el trabajo artesanal te toca a vos.
Que la maceta te apriete, y las raíces tengan que romper el fondo para encontrar el sustento de la nueva tierra que te sostiene. Que te dejes sostener por la tierra. Y que la pises firme en este viaje hacia tu constante transformación.
Que no seas más vos; que seas vos, con las batallas que ya libraste como bandera de resurrección.
Que tomes el camino inesperado y te sorprendas de tu coraje para ser otra, otra vez.
Que los vientos de cambio te encuentren anclada en la verdad de tu corazón, que será tu antorcha cuando te mudes de piel y te toque una vez más, caminar por la sombra.
Que cambies, y te muevas. Y que irreverente y cómplice, la vida, se mueva con vos.

Que la vida se mueva con vos!
Admiración total
¡GRACIAS, Manu el amor, por tu generosidad! Te quiero