Tengo la mirada triste. Es que me estoy viendo arder en vos

Me pesa en los pasos la pena de tu bosque que se fue

en la voracidad de las llamas de la avaricia

¿Cuál es la forma que toman las cosas, cuando lo que se quema, es mucho más que lo que se ve?

El flujo de la vida me confunde,

y se me ata en la garganta 

el llanto que aquellos inmersos en la batalla

aún no pudieron terminar de llorar

Será que moriré sin entender

por qué te toca pagar los precios

de que sigamos atados al sueño de la separación,

de que sigamos sin poder recordar

que en aquel lugar del que venimos,

somos uno con vos

Me conmueve cómo incluso, en tu momento de mayor dolor

seguís impartiendo lecciones

que nos guían hacia una humanidad compartida, una donde todos caminamos hacia el mayor bien.

Se teje la red. Se escucha tu grito.

Aparecemos ante la vida y nos miramos a los ojos en tu nombre.

Ponemos el cuerpo para salvar lo que queda del tuyo,

de las garras de los que no reconocen lo sagrado de tu presencia.

Nos fundimos con vos en la ardua tarea de existir.

Que lo que arda sea el deseo de vivir

Que lo que se queme sean el olvido y la resignación.

Que de tus cenizas nazca en nosotros,

la memoria viva de lo que somos.